Las Espinas de tu Corona
 

 

Las espinas de mi rosal, no son como las tuyas
mi Cristo Resucitado!
Las espinas de mis rosas no dan vida,
no me animan, no me salvan,
me duelen, me hieren, socavan mi espíritu,
me agotan y cansan.
 

 


Tú, de
espinas coronado, maltratado, herido; Cristo!
Las espinas de mi rosal, no son fuente de salvación,
sí; son bellas, muy hermosas compañeras de las rosas,
más no me llegan a el alma, no me tocan el corazón.


 

 

Las espinas de tu Pasión, enrojecidas de gloria y cielo
que inundan mi alma abierta, llena de anhelo
a recibirte como la puerta de salvación;
Corona Divina! que te dignaste tocar la cabeza de mi Señor,
esa
corona llena de Gracias, llena de Vida, de intenso Amor.


 

Las espinas de mi rosal, no son como las tuyas
mi Cristo Resucitado!
Son vanas, son leves, frágiles y endebles,
les falta cielo, les falta amor, en mi jardín
no encuentro de esas
espinas de Tu Pasión.

 


Una sola
espina de ellas, hubiera bastado,
Mi Cristo, mi amado,
más Tú me has dado muchas,
bastaba una sola mi Señor, una sola de ellas

para haberme salvado.

 


Las espinas de mi rosal, no son como las tuyas
mi Cristo Resucitado!
Mi Rey, mi luz, mi Dios, mi Todo y de
espinas coronado.
Gracias por cada una de esas
espinas que Tú me has comprado
con tu Sangre Bendita, con Tu
Corona, me has salvado!

 


Autor: Hilda Soto Jiménez
 

 

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