SIETE OFRECIMIENTOS DE LA PRECIOSÍSIMA

SANGRE DE JESÚS CON SIETE GLORIA

   

 

 

 

"Sea bendito y alabado Jesús

 que con su sangre nos redimió"

 

Ofrecimiento.- Os ofrezco, Padre Eterno, el amor que os tienen vuestro divino Hijo y el Espíritu Santo.. Os ofrezco, divino Hijo, el amor que os tienen el Padre Eterno y Espíritu Santo.  Os ofrezco, Espíritu Santo, el amor que os tiene el Padre Eterno y su divino Hijo.  Os ofrezco, adorable Trinidad, el amor, las complacencias, la felicidad y todas las delicias de que gozáis y gozaréis eternamente en la contemplación de vuestras infinitas perfecciones.

 

  Divino Salvador, rogad a vuestro Padre, como lo hicisteis la víspera de vuestra Pasión, que me una a Vos como Vos le estáis unido en el cielo, donde espero que perfeccionaréis un día la unión de mi corazón con el vuestro por toda la eternidad.  Así sea.

1. ¡Oh Padre Eterno! yo os ofrezco los méritos de la preciosísima Sangre de vuestro amado Hijo Jesús, mi Redentor adorable, por la propagación y exaltación de la Santa Madre la Iglesia, por la conservación y prosperidad de su cabeza visible el Romano Pontífice, por los Cardenales, Obispos y Pastores de almas, y por todos los Ministros del Santuario.

 Un Gloria  y la jaculatoria: «Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su sangre nos redimió.»

 

 Y así en las siguientes.

  2. ¡Oh Padre Eterno! yo os ofrezco los méritos de la preciosísima Sangre de vuestro amado Hijo Jesús, mi Redentor adorable, por la paz y concordia entre los Príncipes cristianos, por el abatimiento de los enemigos de la santa Fe, y por la felicidad del pueblo cristiano.

Un Gloria  y la jaculatoria: «Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su sangre nos redimió.»

 

 3.  Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la preciosísima Sangre de Jesús, vuestro querido Hijo y nuestro divino Redentor, por la conversión de los incrédulos a la luz, por la extirpación de todas las herejías y por la conversión de los pecadores. 

   Un Gloria  y la jaculatoria: «Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su sangre nos redimió.»

 

  4.  Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la preciosísima Sangre de Jesús, vuestro querido Hijo y nuestro divino Redentor, por todos mis parientes, amigos y enemigos; por los pobres, enfermos y afligidos, y por todos aquellos por quienes vos sabéis que debo rogar y queréis que ruegue. 

   Un Gloria  y la jaculatoria: «Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su sangre nos redimió.»

 

  5. Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la preciosísima  Sangre de Jesús, vuestro querido Hijo y nuestro divino Redentor, por todos los que pasarán hoy a la otra vida, a fin de que los libréis de las penas del infierno, y los admitáis lo más pronto posible a la posesión de vuestra gloria.

   Un Gloria  y la jaculatoria: «Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su sangre nos redimió.»

 

  6.  Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la preciosísima Sangre de Jesús, vuestro querido Hijo y nuestro divino Redentor, por todos cuantos aman este tesoro incomparable, por los que se unan conmigo para adorarla y honrarla, en fin, por todos los que trabajan en propagar su devoción.   

   Un Gloria  y la jaculatoria: «Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su sangre nos redimió.»

 

  7. ¡Oh Padre Eterno! yo os ofrezco los méritos de la preciosísima Sangre de vuestro amado Hijo Jesús, mi Redentor adorable, por todas mis necesidades espirituales y temporales, y en sufragio de las benditas almas del Purgatorio, y en especial de aquellas que fueron más devotas del precio de nuestra redención, y de los dolores y penas de vuestra afligidísima Madre. 

  Un Gloria  y la jaculatoria: «Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su sangre nos redimió.»

 

 Viva la Sangre de Jesús ahora y siempre por los siglos de los siglos.  Amén.

 Pío VII, con  Rescripto de 22 de septiembre de 1817, concedió para siempre 300 días de indulgencia por cada vez que el cristiano rece contrito dichas ofertas: indulgencia plenaria una vez al mes.  R. T. D.; C. C. y 0.

 

 

JACULATORIA AL ETERNO PADRE

 ¡Oh Padre Eterno! yo os ofrezco la preciosísima Sangre de Jesucristo, en expiación de mis pecados, y por las necesidades de la Santa Iglesia.

 Pío VII, con Rescripto de 22 de marzo de 1817, concedió para siempre 100 días de indulgencia por cada vez que se rece dicha jaculatoria. (Indulgencia parcial)

  

A LA SANGRE PRECIOSA DE NUESTRO SEÑOR

 

 Sangre preciosa por mi amor vertida.  Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre de mi Dios, noble, excelsa y rica. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre redentora, vida de mi vida.  Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre derramada por las culpas mías.  Purifica mi alma de toda malicia.  

 Sangre rubicunda de estima infinita. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre del costado en la cruel herida. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre consagrada en hostia pacífica. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre con que aplaca tu justísima ira. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre con que borraste la escritura antigua. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre que te ofreces por quien más te pisa. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre que llorando mi Jesús vertía. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre que en lágrimas hilo a hilo corría. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre que te viste de hombres abatida.. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre que brotaron agudas espinas. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre que arrastrada fuiste y escupida. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre que vertieron manos atrevidas. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre dulce y suave humana y divina. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre que nutrió la dulce MARÍA. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre de mi alma, sangre de mi vida. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre siempre pronta a curar heridas. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre en que se funda la esperanza mía. Purifica mi alma de toda malicia.

 Sangre encendedora de las almas tibias. Purifica mi alma de toda malicia.

Sangre que haces fuerte al que en ti medita. Purifica mi alma de toda malicia.

 

V. Te adoramos preciosa sangre y te bendecimos.

R. Porque en la Cruz Santa redimiste al Mundo.

 

 

ORACIÓN

 Omnipotente y sempiterno Dios que con la sangre de tu Hijo quisiste ser aplacado y que nosotros fuésemos redimidos, te rogamos que nos concedas de tal suerte hacer memoria del precio de nuestra salvación; que podamos en esta vida conseguir el perdón: y en la eternidad el premio de la gloria, por el mismo Jesucristo Señor Nuestro tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.  Amén.

 

EXCLAMACIONES PIADOSAS DE SAN BERNARDO

 ¡Oh Pasión extrema!

¡Oh llagas profundas!...

¡Oh Sangre profusamente derramada...

¡Oh dulzura inefable!...

¡Oh muerte amarguísima!...dadnos la Vida eterna.

 

 

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