LA VIRGEN DE LOS RAYOS

"Oh María sin pecado concebida rogad

por nosotros que recurrimos a vos".

 

Introducción:

 Hemos querido compartir con ustedes, las oraciones a la Virgen de los Rayos, conocida también como la Virgen de la Medalla Milagrosa. Las oraciones se irán mostrando en las distintas páginas. Se incluyen la novena a la Virgen de los Rayos, el triduo (tres oraciones), la oración de Juan Pablo II y la novena a la Medalla Milagrosa. Recuerden que la medalla no es un amuleto, no es un talismán, no es para la suerte, sino que es una responsabilidad en nuestras vidas. Son numerosos los milagros que a través de la Virgen se hacen todos los días. Lo importante es pedirlos con mucha fe. La Virgen ha sanado a muchas personas, a conseguido embarazos imposibles, trabajos para los desocupados, etc.  

 

CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DE LOS RAYOS

Postrado ante vuestro acatamiento, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, y después de saludaros en el augusto misterio de vuestra concepción sin mancha, os elijo, desde ahora para siempre, por mi Madre, Abogada, Reina y Señora de todas mis acciones y Protectora ante la majestad de Dios. Yo os prometo, Virgen purísima, no olvidaros jamás, ni vuestro culto ni los intereses de vuestra gloria, a la vez que os prometo también promover en los que me rodean vuestro amor. Recibidme, Madre tierna, desde este momento y sed para mí el refugio en esta vida y el sostén a la hora de la muerte. Amén.

 

La Santísima Virgen se comunica con Catalina Labouré.

En 1830 Francia atravesaba uno de los períodos más cruciales de su historia. Una nueva revolución era inminente, y la monarquía de los Borbones, recientemente restituida, estaba en peligro. Tal era el clima que se respiraba en París cuando la Santísima Virgen se apareció a Catalina Labouré (1806-1876), novicia de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul.  La noche del 18 de junio de 1830, fue la escogida por la Virgen Santísima para hacer entrega de sus cartas credenciales a la Venerable Hermana.

Para detalles, nadie como la propia Sor Catalina, quién así lo describe:

  Era tanto mi deseo de ver a la Virgen, que me acosté con la confianza de que San Vicente había de conseguírmelo de la Señora. Serían no más que las once y media de la noche, cuando oí que me llamaban: "Hermana. Hermana, Hermana". Desperté; miré del lado por donde la voz venía. Corrí la cortina; y vi a un niño, como de cinco años que vestía de blanco; y así me dijo: "Ven a la capilla, que allí te espera la Virgen".

 Tranquilizada por él, dime prisa en vestirme; y le seguí… No pequeña fue mi sorpresa, viéndolo todo iluminado como en la misa de Navidad. Sin embargo, la Virgen no se veía por ningún lado. Arrodillada, esperé un largo rato, con miedo de ser descubierta. Llegó la hora. Y el niño me previno con estas palabras: "Mira, ahí tienes a la Virgen Santísima". Noté como un roce de sedas que se dirigía al lado del Evangelio, a un sillón que allí había donde normalmente se sentaba el sacerdote. Era la Virgen, quien se me ofrecía sentada. Creo imposible describir cuanto veía y ocurría en mi: algo así como un temor de verme engañada; y de que aquella a quien yo veía, no fuera la Santísima Virgen. Mas, el ángel de mi guarda - que no era otro el niño - me increpó un tanto severo y sin más dudar, me arrodillé junta a Ella y puse mis manos en su regazo"

 

Y allí, mano a mano, como de Madre a hija, "quiero, hija mía,  nombrarte por mi embajadora. Sufrirás no poco; mas vencerás, pensando ser todo para la gloria de Dios. Con sencillez y confianza di cuanto entiendas y veas".   

El 27 de noviembre de 1830, en la Capilla del convento de las Hijas de la Caridad, rue du Bac en París, la Santísima Virgen apareció a Santa Catalina Labouré por segunda vez. Ese día, la Reina del Cielo se manifestó con un globo a sus pies y sosteniendo en sus manos, a la altura del pecho, otro globo más pequeño que parecía ofrecer a Nuestro Señor con gesto de súplica. De repente, sus dedos se cubrieron de anillos y gemas de gran belleza que irradiaban fulgores que se esparcían por doquier... Ese día, la Virgen le revela a Catalina la misión para la que ha sido escogida:  

«Este globo que ves representa al mundo entero, especialmente a Francia... y a cada persona en particular. Estos rayos son el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden». En aquel momento se formó en torno a la Santísima Virgen como un marco, un poco ovalado, en el que estaban escritas en letras de oro estas palabras: «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti».

Entonces se dejó oír una voz: «Haz acuñar una medalla según este modelo. Las personas que la lleven recibirán grandes gracias; las gracias serán abundantes para las personas que tengan confianza...» Algunas de las piedras preciosas no despedían ningún rayo de luz... «Estas piedras que quedan en la sombra significan las gracias que se olvidan de pedirme». Al instante pareció que el óvalo daba la vuelta. Vi el reverso de la medalla; la letra M coronada por una cruz; debajo, dos corazones, uno rodeado de espinas y el otro atravesado por una espada”.

La Medalla fue acuñada por primera vez en 1832 por el confesor de Catalina, el Padre Aladel, con el permiso del Arzobispo de París. Apenas sor Catalina la tuvo en sus manos, dijo: "Ahora hay que difundirla", y exhortaba a llevarla con "devoción y confianza". Muy pronto la Medalla   dio grandes frutos de conversión y se la llamó “La Medalla Milagrosa”.

La Medalla encierra en sí, con su maravilloso simbolismo, toda la historia de la salvación, a la que María está definitivamente unida. Ella es la ‘mujer’ del Génesis, la que aplasta la cabeza de la serpiente. Ella está unida a la cruz de su Hijo: La “M” está coronada por la cruz. Ella es ‘la mujer vestida de sol que San Juan Evangelista describe en el Apocalipsis: Sus pies reposan sobre un semicírculo blanco, y la corona de doce estrellas, símbolo de la Iglesia de Jesucristo, circunda la “M” y los dos corazones ofrecidos por la salvación de la humanidad. Los rayos salen de sus manos porque Ella es la mediadora de las gracias que el mundo necesita para volver a Dios. La Oración: “Oh María, concebida sin pecado...” indica su privilegio de ser la Inmaculada Concepción. “...ruega por nosotros, que recurrimos a Ti”... significa que Ella es el recurso en estos difíciles tiempos que se inician a partir de entonces.

   "Haz acuñar una medalla conforme a este modelo. Las personas que la llevan con confianza recibirán abundantes gracias".

Miremos la Medalla y descubramos en sus dos caras que se complementan el Mensaje esencial del Misterio de la salvación.

Anverso de la Medalla

María Inmaculada, Madre de los hombres. María, mensajera, de la ternura de Dios, se muestra en pie. Viene hacia nosotros con las manos abiertas y en actitud de acogida. María es la sin pecado. Por eso aplasta la cabeza de la serpiente. Se lee una oración "Oh María sin pecado concebida rogad por nosotros que recurrimos a vos". Nos da a conocer que es la Inmaculada Concepción.

 Reverso de la medalla

El proyecto de amor de Dios hacia los hombres. La M coronada por la cruz: María esta íntimamente unida al misterio de la Pasión y de la Cruz de su Hijo, desde el Pesebre hasta el Calvario. Dos corazones: el de Jesús y el de María. Representan la fuerza del amor que llega hasta la entrega total. María entró plenamente en ese Misterio de Amor de nuestra redención. Doce estrellas: Jesús estableció su Iglesia sobre el fundamento de Pedro y sus Apóstoles. María Estrella de la Evangelización. Los fieles la llaman "Medalla Milagrosa" proclamando así que es un signo, el signo de la protección maternal de María.

 

 Entre otras cosas, Nuestra Santa Madre nos enseña: Su Inmaculada Concepción, que ella  revela por primera vez al mundo y que confirmará en Lourdes el 25 de marzo de 1858. Su Intercesión, cerca de su Hijo. María es la suplicante suprema de la humanidad. Con Él y por Él, Ella intercede sin cesar por nosotros. Portar y aceptar la medalla es proclamar nuestra fe en la súplica omnipotente de nuestra Medianera Inmaculada cerca de Cristo. Por la mediación de la Santa Medalla se obtienen innumerables gracias de conversión, de protección y de curaciones. Hay innumerables testimonios de personas que han mejorados de graves enfermedades, como el cáncer y otras. También la Santísima Virgen ha ayudado a muchos matrimonios, imposibilitados de tener un hijo. En fin, son miles los casos que se pueden constatar de la intersección de nuestra Madre.

 

Lleva siempre la medalla, si te es posible conseguirla, sino imprime la de esta página y acompáñate de ella. Propaga la devoción a la Virgen de los Rayos, da a conocer las oraciones que encontrarás en este sitio, reza por los enfermos y afligidos y recita diariamente la siguiente jaculatoria:

 ¡Oh! María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos.

 [Estampa de Santa Catalina Labouré]  SOR CATALINA

Nacida Sor Catalina Labouré, con lo mejor del año (mayo) de 1806, fue toda su vida sencilla y aromosa flor: galardonada en sus días con abundante rocío del Cielo. Tierna devoción a María, su aliento de toda hora. Muy niña (9 años) perdió a su madre. Fue entonces, cuando una criada de la granja la sorprendió encaramada sobre una mesa, y abrazando con todo el poder de sus aún débiles brazos, a una imagen de la Señora. La iglesia parroquial de Moutiers - Saint Jean - fue testigo de sus anhelos eucarísticos. Desde el día de su primera Comunión (1818) se hizo "mística de todo en todo", cual decía con donaire su buena hermana Tonina.  Por dos años hubo de luchar con el ingenuo rigor de su padre; para al fin, ingresar el 21 del mes de abril de 1830 en el Noviciado de las Hijas de la Caridad en París.  Ya en el Noviciado, comenzó a gozar favores extraordinarios del Cielo. 

 Virgen de los Rayos página 1


 

 

A los pies de este altar, la Santísima Virgen  le entregó

la Medalla Milagrosa a Catalina Labouré

Rue du Bac, París

 

 

 

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