NO OS ACOSTÉIS EN PECADO MORTAL QUE PODRÍAIS NO DESPERTAR MÁS

 

 


 
 


(HABLA UN ÁNGEL DEL SEÑOR)

Pequeñita, en estos tiempos de la Gran Tribulación que comienza, después de la purificación (*), en que la confusión es Grande, algunos, pocos, salen del torbellino de la tecnología y se refugian en las Verdades Ancestrales y Eternas. Son ellos, es decir ustedes, Niña Mía, los que libran la confusión.



 

El mundo es ahora un torbellino, una tormenta, un ciclón y -entiéndanlo- no es posible permanecer en calma en el medio del ciclón. Si han de estar en santa paz y permanecer en la Verdad deben, no hay otra opción, permanecer lo mas lejos del mundo y sus asuntos. Esto se logra, pequeños, al disminuir o eliminar el deseo. El ansia de “tener”, “de ser” ante el mundo del “falso poder” es lo que os lleva a estar motivados dentro del mundo.

 

 

Quien poco desea de lo del mundo y se contenta con lo necesario es únicamente quien puede encontrar un remanso, pero quien está preso en el deseo, en las pasiones, en el ansia de “tener” no encontrará paz, y esto, mis pequeños, mis niños, depende enteramente de vosotros.

 

 

 

 

 



(HABLA NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO)

Ved como Yo, Jesucristo viví y haced lo propio. ¿Andaba Yo por el mundo correteando tras pasiones y buscando fama y riqueza? ¿O Me Mantenía en Santa oración y sólo estaba en él para enseñar a Mis Discípulos, para curar, para servir al prójimo y para hacer la Siempre Santa Voluntad del Padre Amado? Haced lo propio a imitación Mía si os creéis Mis discípulos, Mis amigos, Mis amados. No podréis ya más seguir al mundo y a su Dios: tenéis que decidir porque uno u otro os abarcará la vida misma.



Habéis de decidir y manteneros fieles a ello, Pequeños, porque no sabéis ni el día ni la hora de Mi venida, pero todas las señales están a vuestro derredor, si es que queréis verlas. Leed el Apocalipsis y lo podréis comprobar, leed a Mis profetas del pacto antiguo y veréis que estáis en la época predicha. No creáis que estos acontecimientos no os alcanzarán, porque lo harán.



¿O no creéis que sois lo suficientemente malos, que vuestras sociedades, a imitación de la gran ramera, son tales que necesitáis de la intervención de vuestro Dios porque ya no os podéis enmendar solitos?

 

¿Creéis, a caso, que os podéis poner más malos y el Cielo lo tolerará?

 

¿Cuánto menos pecaron Sodoma y Gomorra y fueron borradas, desaparecidas, eliminadas?

 

¿Acaso creéis que sois mejores?

 

La pregunta que os resta es ¿Seréis como Nínive que os vestiréis de cilicio cada uno y como sociedades de ceniza y penitencia para aminorar la justa ira del Santo Padre Amado o seguiréis pecando hasta el final? ¿Que no veis que ya no os resta más que arrepentiros, vestiros de cilicio y ceniza y dejar de pecar? No esperéis a llegar a los infiernos para clamar que era Verdad todo lo que os Advertía, porque os lo Adelanto: Lo es.



Vosotros ya no distinguís día de noche, todo es confusión y correr tras espejismos que -os lo hemos dicho y os insistimos y os lo repetimos- los espejismos sólo son eso, no son realidades que os llevarán seguros a la otra vida. Seguís igual y no queréis mudar, ¿esperáis que el Cielo mude de preceptos eternos para ajustarse a la peor de todas las generaciones? ¿Acaso el padre sabio muda para acceder a los suicidas caprichos del hijo terco? ¡Sois tan tontos, tan necios que eso pensáis! El Cielo no muda de parecer, es el hombre que está en el error quien debe mudar y cambiar de actuar.



Tenéis las Sagradas Escrituras, tenéis a Mis profetas y místicos, tenéis las que llamáis revelaciones privadas con mensajes de Vuestra Santísima Madre, guía e instrucción infalible, y no la queréis seguir. La leéis, pero no la seguís, no la imitáis.



Tened el valor de hacer lo correcto, lo recto a los Ojos del Padre, aunque los demás no lo hagan, que la salvación es personal. No se os pedirán cuentas de lo que hizo el vecino, sino de las decisiones que cada uno tomó y llevó al cabo. Decidís lo efímero por lo eterno. No construís en roca firme, que Soy Yo y Mi Santa Palabra.



¿Como vivís?, preguntáoslo. ¿Podéis decir con voz en cuello que sois Mis Discípulos, que os asemejáis a Mí? ¿Andáis con sencillez Mis Caminos y con Verdad? ¿Sois capaces de defender Mi Amor y Mi Verdad hasta la Cruz?, ¿o sois cobardes y ante la primer crítica o mirada de reprobación os escondéis como Cristianos? Os acordáis de Mis Amigos que prefirieron ir ante los leones antes que defectar (**) de Mi Verdad? ¿Sois así, Hijos de los Últimos Tiempos, o sois cobardes y Me negáis con pena como a un pariente que os avergüenza? Escudriñad en vuestras almas, ahora que estáis sobre la tierra. Sed honestos con vuestras respuestas y actuad en consecuencia.
 


No seáis soberbios creyendo que la tribulación pasa en otros países excepto en el vuestro, ¿que acaso no veis que llega a cualquier vecindario sin aviso y sólo los que estéis Consagrados y en Mi Gracia estáis a salvo?

 

 

Que posponer vuestra conversión es posponer vuestra salvación y ésta no se pospone porque llega como el rayo y la centella. En un abrir y cerrar de ojos os podéis encontrar frente a Mi Santa Presencia y ¿qué Me diréis, que mañana lo ibais a hacer?, ¿que no tuvisteis tiempo para ir a confesaros?, cuando cada día tiene 24 horas y los días a vuestro favor son incontables ¿y ni una hora de todas las horas las pudisteis dedicar a Mí, que es dedicarlas a vuestra salvación?

¿Que esperáis, Pequeños, para ser Palabra Viva, que es lo que habéis de ser? ¿Qué no sabéis que todo vuestro pasado queda perdonado si lo confesáis con arrepentimiento y cambiáis de vida? ¿Que no queréis más Mi Misericordia, preferís la Justicia y la ira? No seáis tontos, Mis Pequeños, haced caso que os amonesto por Amor, haced caso a Mis profetas que os escriben Mi Palabra Santa, os la recuerdan, os la traen a vuestro mundo actual para que veáis que la Verdad no es anticuada ni pasada de moda sino eterna y actual.

 



(HABLA NUESTRA SANTÍSIMA MADRE)

Pequeñita,

Madre Santísima

No os ocupéis más de las pequeñas cosas del mundo, que la tormenta se avecina y estáis barriendo la casa que será arrasada pronto por el ciclón; más bien, colocaos en posición orante y limpiad vuestras almitas, eso es lo que debéis de hacer.



Dejad ya de acumular que una sola tormenta, un fuego, un viento fuerte arrasará con vuestras pertenencias como si fueran un juguete de niños y entonces ¿qué haréis?



Sólo lo que acumuléis en vuestra alma es tesoro seguro que os llevará al Cielo, son las alas que necesitáis para llegar hasta el Hogar Celestial. Lo del mundo polvo es, dejadlo ¡ya!



No entristezcáis más Mi Sangrante Corazón, Niños Míos, que ya no aguantan las lágrimas a tantos de Mis hijos amados que veo perdidos y cayendo a los abismos. ¡No caigáis más allí, Pequeños, os lo suplico!, que es un sitio de donde no hay salida y entonces por más que lloréis y claméis con horror y desesperación no os podré sacar de ahí una vez que hayáis sido juzgados.



Rompe el Corazón Sacratísimo de Mi Amadísimo Hijo Jesucristo cada vez que oye la frase más terrible que un hombre puede decir: “ME CONDENÉ“, que esta frase temible, terrible y definitiva no salga nunca de vuestras boquitas que tanto amo. Que sea un alegre y gozosos abrazo de Bienvenida porque gritaréis con inefable gozo “ME HE SALVADO, HE ESCOGIDO MI SALVACIÓN“, quiero oíros decir. Escogedla desde ahora, que al último momento Satanás se os lanzará a dar el último zarpazo de fiera hambrienta. ¡Hacedlo ahora!, clamad a Vuestra Madre para que esté con vosotros en el transe de vuestro morir al cuerpo; al Amante y Casto San José para que os fortalezca y acompañe en ese trance, pero comenzar a orar por ello ya, y a pedir que en ese trance esté con vuestros familiares y vecinos y amigos, comenzad a pedirlo ¡ya!, Mis Pequeños, no os perdáis más.

 



(HABLA DIOS PADRE)

Pequeña

Abba

Ya os lo han dicho todo entre Mi Amadísimo Hijo y vuestra Santísima Madre, ¿qué más queréis?



Si comprendisteis, ya os piden que en la hora de vuestra muestra acudáis a la ayuda y protección del Cielo, pero debéis comenzar a pedirlo desde ahora para que llegado el momento vuestra alma volteé al Cielo; que tenga aunque sea esa certeza de que volveréis al Cielo llegada vuestra hora, ustedes que no habéis querido mudar para la vida, aunque sea para el trance de la muerte. Orad el Santo Rosario que con sus Avemarías lo pedís.



¿Ya habéis consagrado a vuestras familias a vuestro padre putativo San José?

 

¿Acudís a vuestro Ángel de la Guarda, que con tanto amor os coloqué al lado a cada uno de Mis hijitos?

 

¿Llamáis a vuestros Santos a auxiliaros, Mis Pequeños?

 

 Si no habéis querido hacer más, si no estáis dispuestos, por lo menos, haced lo menos, pero hacedlo. No os dejéis vencer por el mal como si fuerais huérfanos, que no lo sois.



¡¡¡Es tal la tristeza en el Cielo por vuestro proceder, es tal, Mis Pequeños, que no os lo podéis imaginar!!!



¿Tanto os cuesta dejar el pecado mortal que estáis dispuestos a perder vuestra alma por esos instantes fugaces de placer? La decisión es ENTERAMENTE VUESTRA pero habréis de saber que una vez tomada la acción para uno u otro lado la muerte podría llegar en cualquier instante a cualquiera de vosotros. Os lo suplico, Pequeños, no os acostéis más en pecado moral que podríais no despertar. Os lo pido: quedaos con esta última frase que os dono en este Diálogo: NO OS ACOSTÉIS MÁS EN PECADO MORTAL QUE PODRÍAIS NO DESPERTAR MÁS.

 

Os amo y os contemplo con infinito amor pero ya con infinita tristeza.



Decidid ya, Pequeños, y manteneos en la Salvación que ésta se ofrece, como la más grande dadiva del Cielo, no se impone.



Gracias, Mis Pequeños,

Vuestro Amantísimo Padre Creador

Quedáis en Mi Santa Paz, en la de El Amante Santísimo Espíritu y en la de Mi Amadísimo Hijo Redentor del Hombre.

Amen, Mis Niños, Amén

Os espero para abrazaros en los Cielos, si eso decidís vosotros…

 



(*) Entiendo que se refiere en particular a los tres y medio años que nos anteceden en que se nos invitó a limpiar nuestras vestiduras, distinta y previa a la Gran Tribulación.



(**) defección. (Del lat. defectĭo, -ōnis). 1. f. Acción de separarse con deslealtad de la causa o parcialidad a que se pertenecía.

HDDH

(Abril 28)

Año del Señor 2013

Y María del Getsemaní
 

 

 

  

 


 

 

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