ORACIÓN DEL HOMBRE PECADOR

Oración de Monseñor Ottavio Michelini

 

  Esta oración que queremos que conozcan, es una de las pocas que aparecen en el libro de Monseñor Ottavio Michelini "Confidencias de Jesús a un sacerdote". A continuación les vamos a dejar con la oración para luego poner algunos párrafos o frases del libro. Les recomendamos bajar el libro de Nuestra Biblioteca (link al final), y leerlo con mucha detención, muy de a poco y volviendo hacia adelante y releerlo y así. No es para una lectura rápida. Hay mucho que meditar sobre lo que Jesús nos dice aquí.

 

SOY UN HOMBRE PECADOR

Te creo, oh Jesús mío, Uno, con el Padre y con el Espíritu Santo en la Unidad de naturaleza, esencia y de voluntad y en la Trinidad de personas.


Jesús, dame una correspondencia sensibilísima e inmediata, generosa, valerosa y perseverante.


Jesús, tómame de la mano y arrástrame donde, como y cuando quieras Tú. Sé en mí fermento de transformación sobrenatural, de purificación, día y noche pero especialmente en la Santa Misa.


Jesús mío, ¡acéptame como soy para  volverme como Tu quisieras que yo fuera! Enséñame tus caminos y condúceme por ellos. Jesús, sé Tú quien dirija mis pasos en la realización de tu Voluntad.


Revélame, oh Señor, tus pensamientos y tus deseos, y ayúdame a ponerlos en práctica en la vida de cada día. Sé Tú, oh Jesús, en mí en el creer y en esperar, en amar y confiar; se Tú en mí en el callar y aceptar, en el sufrir y ofrecer. Sé Tú en mí en el rezar y adorar, en el hablar, en el vivir en mí.


Jesús mío, auméntame sin límites la fe, la esperanza, la caridad; acrecienta ilimitadamente la sabiduría, la justicia y la fortaleza, la piedad, el temor de Dios y la templanza.


Jesús, dame sin medida la seguridad y la confianza, la humildad y el arrepentimiento, el abandono y el espirita de mortificación y de obediencia, de pobreza y de pureza. Revive en mí, o Jesús, tu paciencia y mansedumbre, tu clemencia.

Jesús mío, ten piedad de mí: soy un hombre pecador.

 


 

Algunos párrafos destacados del libro de Monseñor Michelini:

 

 

 

 

 

 

¿Por qué me ha escogido Dios?

¿Quién soy yo?  Soy menos que un granito de polvo frente al  universo, soy menos que una gotita invisible frente al océano, soy menos que un repugnante gusanillo que se arrastra en el fango de la tierra.

Soy un pobre sacerdote, entre tantos, el menos culto, el menos docto, el más desprovisto, un pobre sacerdote rico sólo en innumerables miserias de toda naturaleza.

¿Por qué me ha escogido Dios? Para que se entienda que yo no soy más que un pobre instrumento en Sus Manos, para que se entienda por todos que no soy más que una miserable pluma despuntada, mi misma caligrafía es símbolo de mi inconmensurable pobreza y nulidad.

¿Por qué me ha escogido Dios? Para confundir a los soberbios, hinchados de orgullo por su saber, que han llenado la Iglesia de errores y de herejías, envenenando a las almas. Sí, necedades, errores, herejías, sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre la Santísima Virgen, sobre la Revelación. Dios es infinitamente sencillo y nos quiere sencillos y humildes.....

 

Habla Jesús:

   No hay en Mi Iglesia distinción de fines: la finalidad es una sola para todos los miembros, de modo muy particular para mis sacerdotes: salvar almas, salvar almas, salvar almas.

Nota: Aquí Jesús lo dice claramente, TODOS los miembros de la Iglesia, es decir el laico también está llamado a salvar el alma del prójimo. El llamado a salvar almas es para todos.

Sigamos:

 

Habla Jesús:

  Se dice que no se va al infierno. O se niega el infierno o se apela a la Misericordia de Dios que no puede mandar a ninguno al infierno. No por estas herejías y errores deja de existir el Infierno. No por esto muchos impenitentes, también sacerdotes, evitan el Infierno...

Nota: ¿Por qué se predica tan poco sobre el demonio y el Infierno? ¿Para no asustar a la gente o porque se piensa que el demonio y sus legiones no existen? Es su astucia no mostrarse, es su mejor ardid que crean que no existe, pero él nos vigila, se ilusiona con nosotros y añora nuestras almas. Hermanos, nosotros los retamos a lo siguiente, comiencen una conversión sincera, repudio total a ofender a Dios y al pecado, mucha oración, trabajo de apostolado, misión salvar almas. Hablen del demonio, de la tentación, del infierno y listo, fórmula perfecta, el demonio se les va a aparecer muy molesto y no con tentaciones solamente, de forma tangible, los va atacar en forma directa. Pero quien viva en pecado mortal, alejado de Dios, jamás pero jamás va a tener las mínima certeza que el demonio existe. No lo va a combatir; pues lo siente propio y menos asustarlo para que recapacite y se convierta. Hermanos crean lo que nosotros les decimos, existe el Infierno y no es tan difícil caer en él, por toda la eternidad.

Pero continuemos...

 

Habla Jesús:

Yo estoy en medio de vosotros, hijo, en la persona de mi Vicario (el Papa). A él se le ha dado toda potestad para apacentar a los corderos y a las ovejas. Quien le ama, me ama a Mí, quien no le escucha, no me escucha a Mí, quien le combate me combate a Mí, quien le desprecia me desprecia a Mí.


Él sube a su Calvario día a día, pero muchos no se dan cuenta. Derrama lágrimas por los hijos que se vuelven lobos rapaces y hacen estragos de su grey. Como a Mí, se le hace objeto de escarnio, de odio y de guerra.
Él está al timón de mi navecilla en esta triste hora en la que el mar está fuertemente agitado y el sordo hervir del oleaje es presagio de próxima y salvaje tempestad.

Nota: En estos tiempo ya se nos advierte graves problemas en la Iglesia, Jesús y la Virgen nos pide fidelidad absoluta a la Iglesia, pase lo que pase, jamás la abandonen.

Pero avancemos un poco más en este maravillo libro.

 

Habla Jesús a Monseñor como sacerdote:

Hijo mío, Yo soy la luz que ha venido a este mundo. La luz resplandece en las tinieblas, pero las tinieblas no la han acogido. Yo amo a las almas. Quiero la salvación de las almas; para esto he venido, pero tengo necesidad de vosotros, de vuestra colaboración. Vosotros sois mis miembros, y todos los miembros tienden al mismo único fin. Yo tengo necesidad de vosotros, para que se cumpla en su plenitud el Misterio de la salvación.

 

Habla Jesús de María Valtorta (buscar sus escritos en Nuestra Biblioteca)
 

He dictado a María Valtorta, alma víctima, una obra maravillosa. Yo soy el autor de esta obra. Tú mismo te has dado cuenta de las rabiosas reacciones de Satanás. Tú has comprobado la resistencia que muchos sacerdotes oponen a esta obra que si fuera, no digo leída, sino estudiada y meditada llevaría un bien grandísimo a muchas almas. Ella es fuente de seria y sólida cultura.


Pero frente a esta obra, a la que está reservado un gran éxito en la Iglesia renovada, se prefiere la basura de tantas revistas y de libros de presuntuosos teólogos.


Nota: ¿Se han fijado que hay tantos teólogos? Hablan y se mueven como teólogos, escriben libros como teólogos, dan charlas como teólogos, pero jamás en toda la vida han sido teólogos, como lo dice Jesús son unos presuntuosos.

Bueno, dejemos a estos teólogos que no valen la pena y avancemos un poco más.

 

Habla Jesús:

 He llorado por Judas, como ya sabes, no tanto por la traición perpetrada a mi respecto, sino por la pérdida de su espíritu; soberbio, lujurioso e impenitente.
Judas ha resistido a mi amor y a todo impulso de mi gracia. Habría bastado un acto simple de arrepentimiento y Yo, con alegría, lo habría salvado.
Esto lo deben de considerar bien los centuplicados Judas de estos tiempos, y deben considerarlo también los numerosísimos hijos míos que se obstinan en rechazarme.

 

Habla Jesús:

  Después de Mí, la Criatura cuyo amor es sin límite, es Mi Madre, obra maestra de la Santísima Trinidad. Ella, asociada a Mí en el Misterio de la Encarnación y en el Misterio de la Cruz no podía dejar de estar asociada a Mí en el Misterio de la Santa Misa que es el mismo Misterio de la Cruz aunque incruento.
Hijo, si el amor me ha llevado a unirme a vosotros en el Misterio Eucarístico, con mayor razón me lleva a unirme a Mi Madre en una comunión perfecta, única en toda la historia de la humanidad. Confirmo que Ella vive de Mí, de mi Naturaleza divina como Yo vivo de Ella, de su naturaleza humana.


Por tanto, es lógico que donde estoy Yo Ella también esté; es más, es por necesidad de la naturaleza del amor. Mi Madre no solamente aceptó el sacrificio de la Cruz consumado en aquel momento histórico sino que ha aceptado también el Sacrificio de la Cruz en su extensión en el tiempo.


No habría sido perfecto su amor si no hubiese sido así: por tanto es verdaderamente real su presencia en la Santa Misa como en el Calvario; es verdaderamente real el ofrecimiento de Sí misma al Padre conjuntamente Conmigo, con mi ofrecimiento.


Es verdaderamente real su “fiat” en el Calvario como en el Altar para la remisión de vuestros pecados: si no fuera así, no sería corredentora.
Corredentora fue, es y será Conmigo en su perfecta comunión, como Yo estaré en comunión con vosotros en la eternidad: ahora unidos mediante el Misterio de la fe para quien en ello cree y de ello vive, en la eternidad en una comunión perfecta en la recíproca e intercambiable donación mía y vuestra en la gloria del Paraíso.

 

Habla Jesús:

Yo he venido a traer el fuego a la tierra; es necesario que este fuego arda en las almas. Pero no hay alternativas para esto: uno es el camino para todos, en particular para las almas consagradas. Quién quiera venir en pos de Mí tome su Cruz y niéguese a sí mismo. A nadie he prometido el paraíso en la tierra.
Es necesario convencerse que la vida terrena es una prueba; la prueba sólo se la puede superar viniendo en pos de Mí. Hijo, quién obstinadamente se cierra a mi Amor, se despertará al rigor de la divina Justicia.

 

Habla Jesús sobre el maligno:

Hijo mío, cuando Yo entro en un alma vibra la fe, arde el amor y la esperanza es viva. Pero cuando en un alma está adormecida la Vida divina, entonces hay quien es corroído por la envidia, los celos y el odio y con malas artes busca y encuentra el modo de arrojar agua sobre el fuego del amor.


Si el amor se puede comparar con un brasero ardiente, tú sabes el efecto que produce el agua arrojada sobre él: apaga el fuego, atenúa el calor, levanta una columna de denso vapor, y no deja más que carbones negros.
Esto le sucede en el alma ardiente de amor cuando está bajo la acción de Satanás, si no se sabe salvaguardar de la pérfida acción de él.


Del amor y del fuego que le arde en el corazón, del calor y de la luz no queda ya nada. Una nube de humo envuelve al alma, carbones negros, porque negra se ha vuelto el alma bajo la acción del pecado.
Hoy, hijo son pocas las almas que tienen conciencia de las peligrosas astucias y artes del Maligno porque en él ya nadie cree y de él (excepción hecha de pocos), nadie se preocupa de defenderse. Así el Maligno puede cosechar numerosas víctimas incluso entre mis sacerdotes.


La ignorancia de quien no cree, las lagunas de la fe, la falta de entrenamiento en la lucha, la inexperiencia y el abandono total de los medios de defensa, señala a favor del enemigo numerosísimas victorias....
 

..... ¿Qué hacer para defenderse?
Creer en la existencia del Enemigo. Si muchos militantes y con ellos no pocos sacerdotes no creen en él no pueden combatirlo. Conocer la potencia y la fuerza del Enemigo y conocer también la propia fuerza y la propia potencia.


Conocer sus métodos de lucha, sus astucias sus seducciones. Al mismo tiempo ser conscientes de los propios medios de lucha y querer usarlos.
Es claro que si uno ignora la emboscada que el enemigo le ha tendido, no puede guardarse de ella, no puede defenderse. Al contrario si uno tiene conocimiento de ello, prudentemente toma sus precauciones y no solo se prepara a la defensa, sino se predispone a atacar.


Cierto que para combatir a Satanás se necesita querer ser santos; para vencerlo eficazmente se necesitan penitencias, mortificaciones, oraciones.



Hoy, hijo, la casi totalidad de los cristianos ignora a su más grande enemigo: Satanás y sus diabólicas legiones.
Ignoran al que quiere su ruina eterna: ignoran la inmensidad del mal que Satanás les hace; en cuya comparación, las más grandes y graves desventuras humanas son una nada.


Ignoran que se trata de la única cosa importante en la vida: la salvación de la propia alma.


Ante a esta trágica situación está la indiferencia, a veces la incredulidad de muchos sacerdotes míos. Está la inconsciencia de muchos otros que no se cuidan de su principal deber que es el de instruir a los fieles, de ponerlos al corriente del peligro de esta tremenda lucha que se combate desde los albores de la humanidad.
 

Los invitamos a leer, estudiar y meditar este libro de 280 páginas. Hay muchos temas tocados por Jesús dedicados a los sacerdotes principalmente, pero de gran utilidad para nosotros los laicos. Como ya lo dijimos, para obtener el libro deben entrar a Nuestra Biblioteca, Link al final de la página. Que Dios los bendiga.

 

 

 

 

Video realizado por los autores de este Portal

Miguel Zabaleta y Soledad Guerrero

 

cantan

 

"Ten piedad de mí"

 

 

 

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